El baloncesto puede contribuir a desarrollar valores personales y sociales de gran importancia en el proceso formativo del niño y el adolescente.

Los jugadores jóvenes deben acostumbrarse a aceptar y cumplir compromisos con los demás. Un jugador debe comprometerse con su equipo a entrenar unos días concretos y a jugar unos partidos los fines de semana; y este compromiso debe cumplirlo aun cuando a él, personalmente, no le apetezca.

El compromiso implica que en ocasiones tendrá que renunciar a sus apetencias individuales y sacrificarse por el grupo, pensar en los demás y no sólo en él, y desarrollar la disciplina necesaria para poder cumplir con sus obligaciones.

El abandono y no acometer proyectos que encierran dificultad, son dos efectos graves de la falta de compromiso. Los equipos de Baloncesto son una excelente oportunidad educativa para que los niños y los adolescentes aprendan a aceptar y cumplir compromisos. Esta enseñanza puede ser muy importante para su futuro como adultos.

En la vida es muy importante ser perseverante, y el baloncesto puede desarrollar este valor: ser perseverante realizando el máximo esfuerzo posible.

Es importante que los jóvenes aprendan a asumir responsabilidades individuales en beneficio del grupo; y el baloncesto es una excelente escuela para desarrollar esta cualidad.

El entrenador que enseña a los jugadores a asumir sus responsabilidades individuales en el entorno del equipo, no como una carga pesada («eres responsable de que hayamos perdido»; «de ti depende que el equipo gane»), sino como algo razonable que les produzca satisfacción, realiza una tarea formativa de enorme trascendencia en el futuro adulto de esos jugadores. Por este motivo es importante que los jugadores sepan qué tienen que hacer, qué se espera de ellos individualmente. Y también que comprendan la trascendencia de su aportación individual al equipo. Así mismo, el entrenador debe destacar, reconocer y premiar las conductas individuales que son significativas para el grupo, sobre todo las conductas que se ven menos y reciben normalmente un reconocimiento menor.

En relación con el valor anterior, es importante que los jóvenes aprendan a trabajar en equipo. ¿Qué mejor escuela que un deporte colectivo para desarrollar esta valiosa cualidad?

Este ejercicio y otros del mismo tipo, enseñan a los niños la importancia de la cooperación, del trabajo en equipo. También son útiles, obviamente, los propios partidos, pues ningún jugador puede ganar él solo. Sin embargo, no por el simple hecho de jugar partidos de baloncesto ya se aprende a cooperar (de hecho hay muchos jugadores que no han aprendido a trabajar en equipo), por lo que el entrenador debe acentuar específicamente este aspecto, la cooperación, organizando la actividad deportiva de forma que los jugadores cooperen.

Con este propósito puede ser muy útil que el entrenador emplee registros de rendimiento en tareas colectivas que requieran cooperación; por ejemplo, que anote el número de contraataques que hace el equipo a lo largo del partido.

Sin duda, jugar en un equipo de baloncesto obliga a respetar diversas normas: fundamentalmente, normas de funcionamiento interno, normas de los ejercicios del entrenamiento y reglas del juego.

Así, los jóvenes se acostumbran a que no pueden hacer exactamente lo que quieren, sino que deben respetar unas normas que regulan su convivencia con los demás. Esta experiencia es un aspecto formativo muy valioso del baloncesto de competición.

Anteriormente se ha comentado que el baloncesto es una excelente escuela para aprender a trabajar en equipo. También lo es para aprender a respetar a otras personas, ya sean compañeros, rivales, entrenadores, directivos o árbitros.

Los jugadores jóvenes deben aprender a respetar las diferencias individuales dentro de su propio equipo, aceptando y conviviendo con compañeros que, en algunos casos, pueden ser de otro estrato social, otra raza, otra religión, otra etnia, otra ciudad, otro país, etc. o tener ideas diferentes u otra forma de ser.

También con compañeros que en el propio baloncesto, según los casos, juegan mejor o peor, dominan mejor o peor unas u otras habilidades, destacan más o menos, juegan más o menos tiempo, etc. La experiencia diaria de un equipo de baloncesto favorece que los jugadores se acostumbren a respetar a sus compañeros y se hagan más solidarios; de hecho, es habitual que el baloncesto una a personas muy diferentes que quizá estarían enfrentadas en otros contextos.

  • El entrenador debe propiciar con sus acciones el respeto mutuo y la solidaridad entre los jugadores del equipo.
  • El propio entrenador debe ser un modelo a imitar, respetando a todos los jugadores con independencia de sus diferencias.
  • El entrenador debe favorecer una relación próxima entre sus jugadores, pues el respeto a las diferencias se fortalece cuando las personas se conocen más.
  • El entrenador debe reforzar las conductas de los jugadores que impliquen respeto y solidaridad, neutralizando las contrarias.

En cuanto a los rivales, resulta obvio que los partidos de baloncesto ofrecen la oportunidad de competir frente a otro equipo en busca de un mismo objetivo que sólo uno de los dos puede conseguir, pero respetando a los jugadores rivales como deportistas y personas.

El entrenador debe fomentar que sus jugadores sean correctos con los rivales, que no les insulten, que les ayuden a levantarse del suelo si se han caído, que les saluden al terminar el partido, que les feliciten si han ganado, etc. Debe inculcar a sus jugadores que los rivales son chicos o chicas de su edad que también juegan al Baloncesto y se esfuerzan como ellos. Debe enfatizar una rivalidad deportiva amistosa y solidaria.

En ningún caso, el entrenador debe intentar «motivar» a sus jugadores jóvenes enemistándoles con los jugadores contrarios; por ejemplo, haciendo comentarios como: «han dicho que somos unos…; «dicen que la otra vez les ganamos porque jugamos sucio»; «de ti han dicho que eres un imbécil», etc. Esta estrategia es muy poco ética y, lógicamente, no contribuye a desarrollar un valor tan importante como es el respeto a los adversarios. En la misma línea, el entrenador debe ser un modelo de comportamiento con los árbitros, favoreciendo, así, que sus jugadores aprendan a respetarlos.

La vida plantea múltiples situaciones competitivas y las personas debemos estar preparadas para ello. El baloncesto de competición es una excelente oportunidad para aprender a competir de forma saludable y eficaz, adoptando un estilo de funcionamiento que puede ser muy valioso para los jóvenes en su vida deportiva y extradeportiva presente y futura. Todos los valores destacados anteriormente contribuyen a que los jóvenes aprendan a competir.

Además, es importante que aprendan a aceptar equilibradamente las victorias y las derrotas, los éxitos y los fracasos, las buenas y las malas actuaciones, los aciertos y los errores. Por este motivo, es importante que a lo largo de la temporada los equipos de jugadores jóvenes puedan afrontar distintas experiencias: ganar, perder, jugar bien, jugar mal, etc., y que éstas sean aprovechadas por el entrenador para enseñar a aceptar los buenos momentos con moderación y los malos momentos con esperanza.

Como es lógico, los jugadores estarán más contentos si ganan que si pierden, reflejando que como buenos competidores se han esforzado para ganar. Sin embargo, ni la victoria ni la derrota deben acentuarse demasiado. El entrenador debe felicitar a sus jugadores por su esfuerzo con independencia del resultado del partido.